jueves 2 de abril de 2009

La cocina del olvido

DebatesDiálogos de cocina, más que un congreso, un lugar de encuentro, de cruce, entre las inquietudes culinarias y las científicas (junto con las artísticas y literarias), ha escenificado la perfecta tormenta sensorial o, lo que es lo mismo, un alud de información que sobrecoge y excita hasta marcar un hito en nuestra memoria. Hay pocas oportunidades de participar en un fenómeno semejante. Por eso, en esas ocasiones de privilegio nuestro cerebro se apresura a guardar su recuerdo de por vida.

Fijaremos esas experiencias únicas, irrepetibles, cargadas de valiosa información que nos sabrán siempre a improbables e insospechadas. No dispondremos de muchas oportunidades similares en nuestra aventura vital, por lo que las guardaremos a buen recaudo para volver a ellas e intentar reproducir la información, el placer y la emoción que nos proporcionaron. El mecanismo para ese regreso nos es desconocido, pero sabemos valernos de la mediación de un perfume, un aroma, un sabor, puede que de algunas palabras, para encontrar las espinas (dendríticas) en las que sigue vibrando toda la riqueza de ese recuerdo. Rememorar, acudir a nuestra despensa de experiencias memorables nos permitirá atravesar con ciertas garantías de supervivencia informacional los tenues desiertos de las horas.

Sin embargo, no estamos hechos para la épica continuada. Debemos dar periódico reposo a nuestra mente y a nuestros sentidos. Degustar las propuestas de frágiles equilibrios que nos llegan en flujo continuo, sentarnos a esas mesas de breve mantel, recibir las señales que captan nuestros sentidos, experimentar intensamente su mensaje y, finalmente, renunciar a cualquier memoria de lo sentido. Porque la plasticidad sensorial nos lo permite e, incluso, nos lo demanda.

Es la cocina de la proximidad sensorial, del placer imperceptible... y del olvido.

Resulta tentador dejarse arrastrar por la corriente heroica que recorre fogones y mentes culinarias. Pero, en beneficio del general equilibrio y la salud informacional, ya que todos somos comensales, debería promoverse el elogio de la desmemoria cotidiana, de la dilución momentánea de la experiencia, de la cocina que nos emocione brevemente para, acto seguido, permitir que nos gratifique los sentidos con el placer de su olvido.

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