
Los cocineros son los herederos de aquel antiguo arte de cocinar en el que se iniciaron los primates y que nos permitió desarrollar la inteligencia en mayor extensión que el resto de los animales.
Los chefs más innovadores, alquimistas de los fogones, nos ilusionan con la magia de sus platos imposibles.
En otra galaxia, científicos y filósofos se preguntan: ¿vamos hacia un futuro sensorial?
¿La creatividad surge de la nada?
El hacedor de sorpresas sueña con senderos vírgenes. Para alcanzarlos utiliza todo tipo de artificios desbloqueadores del conocimiento, como desordenar las unidades de un conjunto de elementos y reagruparlos de forma distinta.
El pintor mallorquín Miquel Barceló afirmó en una ocasión: «Cuando estoy en el caos absoluto encuentro las cosas más interesantes». En esta afirmación subyace la esencia de la creatividad en estado puro. El proceso de creación se comporta como un sistema caótico no predictivo. Cambios insignificantes en las condiciones iniciales pueden conducir a resultados exitosos o catastróficos. La barrera que separa el caos de la gloria es tenue y casi imperceptible.
El creador de placeres gustativos dispone de moléculas, al igual que el escultor utiliza la piedra o el mármol, pero la percepción olfativa es un proceso complejo: las moléculas odorantes y las sápidas sólo son activadores de un sistema sintético modulado por la memoria, las expectativas, el contexto e incluso el estado emocional del ser humano.
¿Seremos capaces de diseñar moléculas inteligentes que sean percibidas según nuestros deseos? ¿Podremos controlar el aprendizaje sensorial para alcanzar una dimensión hedónica superior? ¿Descifraremos el software cerebral que elabora las sensaciones perceptuales?
La vida es una intersección improbable de fenómenos físicos y químicos. El sistema sensorial preserva su fragilidad: nos alerta de peligros potenciales y orienta al ser vivo, lo dirige a lo que le conviene.
¿Qué plan oculto se esconde tras esta estrategia inmemorial?
¿El placer cumple una función cibernética?
¿Estamos quizás cerca de intuir el secreto postrero del darwinismo?
¿Es la evolución un río invisible que desemboca en el Santo Grial del sentido de la vida?
viernes, 13 de marzo de 2009
El futuro sensorial
Publicado por
Diálogos de Cocina
en
2:18 PM
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