
Si nosotros estamos en esta parte de los sentidos, ¿qué es lo que hay al otro lado? ¿Existe el entorno, la materia, el exterior, o no hay más que un espejo que nos obliga a fabular? El universo que se extiende frente a nuestra curiosidad sensorial, ¿de qué está hecho? ¿No hay más que geología? Disponemos de pruebas irrefutables que nos confirman lo contrario. Veamos.
Olemos la fragancia, pero la materia no es fragante, es inerte, pesada, enigmática. Conviene recordar que la fragancia es un atributo que nuestro sistema sensorial genera para obsequiar con él a la materia, que continúa, como era de esperar, indiferente. Pero, esa fragancia que generamos, ¿es comprensible para las hormigas, los delfines y los armadillos?
¿Será comprensible para nosotros dentro de una década?
Es más que probable que la materia no cambie, sino que la sintamos distinta en la medida que somos distintos y aprendemos de nuestra impericia para capturarla. Educamos nuestros sentidos a fuerza de recoger fragmentos de entorno que se esparcen a lo ancho de nuestro espacio y a lo largo de nuestro tiempo.
Nabokov decía que el espacio es un cosquilleo en los ojos y el tiempo una música en los oídos. Entonces, ¿la materia es un estremecimiento sobre la lengua, y la energía un frescor en la nariz?
Puede que sí, y que esto no sea una bullabesa como podría afirmar Magritte, pero habremos aprendido a convertir el paisaje más próximo en deliciosos platos que harán las delicias de nuestros sentidos.

















Comenta estos días Cristina Jolonch, desde Japón, que Yukio Hattori está convencido que somos el país con la mayor capacidad de divulgar al mundo la cocina que estamos haciendo. ¿Cómo lo veis? Me pregunto qué parte del éxito puede deberse a las emociones que lleva la creación de esos platos. Estos días parece que en Tokio se apuesta por puntos de encuentro entre Oriente y Occidente. ¿Se aprende y exporta el gusto?
ResponderSuprimirlas culturas perciben según lo que son. Oriente nos ha exportado el umami y nosotros lo estamos ya aprehendiendo.
ResponderSuprimirToni Massanés