viernes, 13 de febrero de 2009

La cocina de Darwin

Debates

La inquietud nos conforma humanos con suavidad y persistencia líquida. Si nuestra mente especula, analiza o innova, necesita mordisquear los inputs que provienen de los sentidos. Con frecuencia, inputs provocados. Cualquier información sensorial es bienvenida cuando la excitación nos invade porque estamos a un paso de desentrañar nuestro destino del día. Y almacenamos esas sensaciones como un signo de identidad.

¿Nos conformamos entonces con declaraciones de nuestro intelecto sobre lo que somos ahora y seremos en unos minutos, o unas décadas? ¿Miramos a nuestro alrededor y nos proclamamos pasivamente hijos de la tierra?, ¿o cocinamos lo inmediato para escenificar en el aroma que se eleva de la cazuela nuestra búsqueda? ¿Somos idénticos a nuestras percepciones?

El venerable padre de la evolución no fue un cosmopolita nato. Construyó su aproximación a las especies a la vez que disfrutaba de inverosímiles sesiones gastronómicas en el Gourmet Club de la Universidad de Cambridge, degustando toda suerte de especímenes animales que, a buen seguro, le proporcionaron informaciones más suculentas sobre su propia existencia que sobre la adaptación animal.

Reconfortado tras cocinar cuantas especies domésticas tuvo a su alcance, emprendió su viaje y siguió cocinando, con cierta compulsión, los sujetos de su especulación científica hasta formularse y formular un mundo de vida en evolución. Fue Darwin a fuego lento.

Existen un sinfín de pruebas apuntando a que la creatividad y el talento, firma indeleble de nuestra identidad humana, tienen con demasiada frecuencia paralelos culinarios como para tratarse de meras coincidencias.

Sabemos que los platos más sorprendentes (que no más atrevidos) del Nuevo Mundo se sirven sobre los manteles de Silicon Valley, guisados por cocineros que afirman sus inquietudes informáticas en los fogones de prestigiosos restaurantes. ¿Influencia del soleado valle, tal vez? Nathan Myhrvold lo desmiente: número 2 de Microsoft en la lluviosa Seattle, es chef premiado y cocinero en un selecto establecimiento de la ciudad.

Nuestra identidad, individual y colectiva, ¿se destila en nuestra mente, en el camino o en los pucheros?

Miles de respuestas vibran ya sobre pantallas táctiles....

3 comentarios:

  1. ¿Me lo explica por favor?

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  2. Era Emma Darwin quien cocinaba platos victorianos para Charles Darwin. Los cocineros del “Gourmet club” de Cambridge y el del H.S.M Beagle, también.
    Si las comidas Cambridge y el Beagle le lanzaron a comprender la evolución, ¿fueron las victorianas recetas de su mujer, declarada creacionista, las que retrasaron décadas la publicación de la teoría?

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  3. De hecho, fué Darwin hasta la cocina. Porque la cocina es la primera evidencia que nos ha llegado de opción por la estrategia cultural, tecnológica. En lugar de evolucionar para adaptarnos, cambiar el entorno para adaptarlo haciéndolo más y mejor comestible. La primera industria lítica son cuchillos de sashimi avant la lettre, 2 millones de años avant la lettre.
    Toni M

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