viernes, 9 de enero de 2009

El cocinero sensorial


Puede que el cocinero sea el ser que mejor provee a nuestros sentidos, pero resulta evidente, a poco que indaguemos, que para realizar tan notable función debe estar envuelto en su propio sistema sensorial, al igual que el resto de seres no cocineros del planeta. Él siente, antes que nadie, la naturaleza de su propio mensaje. Aunque sea también el primero en desconocer su significado.

Tal vez a causa de la creciente influencia mediática de algunos privilegiados, damos por supuesto que la naturaleza de los sentidos de los seres cocineros es distinta, singular, exclusiva. Y no nos falta razón, aunque esa singularidad no es necesariamente una peculiaridad de la fisiología, sino de las capacidades (culinarias) adquiridas en contacto con la rugosa superficie del esfuerzo.

Entonces, ¿cabe el esfuerzo sensorial? ¿Se puede trabajar con los sentidos?

Con idéntica espontaneidad podríamos preguntarnos, ¿cabe el esfuerzo muscular?, ¿se puede trabajar con los músculos? Cierto, nos responde un coro de musculados interlocutores, pero hay que poseer
–nos avisan– la fibra apropiada, y ganar con ejercicio y tesón la rotundidad corporal necesaria, hasta donde se pueda: no todo el mundo puede ser, por ejemplo, atleta olímpico, ni siquiera atleta.

Invocando la misma razón, no todo el mundo puede ser un cocinero estelar y, con frecuencia, ni tan sólo cocinero. ¿Es necesario que el ser cocinero sea un musculado sensorial? ¿Son necesariamente sus sentidos de una «fibra» privilegiada? En absoluto. Para llegar a ser un experto no es suficiente con poseer los instrumentos adecuados, hay que saber manejarlos con sabiduría, gestionarlos con la precisión que se deriva de la experiencia. Llegados a este punto, intuimos que la experiencia no se adquiere desde la ignorancia. Ni tan sólo desde la indiferencia: se requiere pasión por el conocimiento. Un ingrediente que no abunda ni sobre las encimeras de las cocinas.

¿Sabemos descifrar las enormes potencialidades de nuestros sentidos?
¿Nos desenvolvemos con la necesaria soltura en su uso? ¿Conocemos los resortes básicos de la percepción? Parece que estamos lejos aún de las respuestas afirmativas.

Reconozcamos que el cocinero ha de ser, ante todo, cocinero de sus sentidos, de los que debe aprender (con esfuerzo y experiencia) a comprender el entorno. Para iniciar, seguidamente, su transformación, tarea en la que se fraguará su sabiduría.

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2 comentarios:

  1. ¿Es el ser humano, humano por ser cocinero? ¿Existen humanos que no sean cocineros? o dicho de otro modo, aquellos humanos que no cocinan, ¿pueden llamarse humanos?

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  2. Cocina: Estrategia alimentaria humana.
    Todas las estrategias alimentarias han de ser sanas y sostenibles para tener éxito, pero la cocina –exclusiva y común a toda la humanidad- se basa en la modificación del entorno para hacerlo más y mejor comestible, y se diferencia por su carácter básicamente cultural. Se puede transmitir mediante el aprendizaje y adaptar aplicando el raciocinio. Como cualquier otra actividad humana, tiende siempre –con mayor o menor fortuna- a la belleza, aunque quien la practique no sea consciente de ello.

    Cocinas: La cocina (universal) se materializa de diferente manera en cada momento y lugar (cocina local) de la misma manera que el lenguaje se declina en lenguas.
    Definen una determinada cocina aquellos ingredientes que utiliza, lo que se hace con ellos (la manera de transformarlos y combinarlos), cómo se comen (maneras, reglas, frecuencias...) y –por fin- su significado simbólico para los miembros de la comunidad.

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